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La inclusión social es una solución?

La inclusión social y sus  vaivenes

Es una realidad que vivimos en un mundo peligroso y inclusiónaparentemente caótico. El aumento del terrorismo islámico, junto con las acciones de unos cuantos individuos mentalmente inestables, la inseguridad pública y el narcotráfico que parece no tener freno, las crisis económicas y la inestabilidad laboral, todo eso sumado a la visible perdida de rumbo de los gobiernos actuales que no ayudan a resolver los problemas inmediatos y aumentan la sensación de desasosiego de los ciudadanos y la pérdida de credibilidad en nuestros sistemas políticos. Sin dudas todo esto lleva a que la gente comience a buscar otras alternativas y algunas de ellas no sean para nada correctas. Es una realidad que lo que sucede no ocurre porque si, y una de las grandes razones por las cuales ocurren hechos como los recientes, es la alienación del individuo y la falta de expectativas a futuro y la no inclusión, lo que ha derivado en lo que es nuestra sociedad actual.

No existen soluciones mágicas a la realidad actual, ni los planes sociales mejores ideados y con mejores intenciones, ni una mayor inversión en infraestructura o ayudas financieras o asistencialismo. La realidad marca que el principal problema del descarrilamiento de nuestra sociedad no es la falta de recursos, sino la falta de expectativas a futuro, el aislamiento que sufre el individuo en la actualidad y la indiferencia en general que se tiene sobre los problemas que afectan el día a día de las personas. Esto no significa que su accionar este justificado, para nada, aquel que va contra la ley y ataca la sociedad es un criminal, y no una víctima del sistema, pero si es un derivado del conformismo y el acostumbramiento a la situación y por la falta de interés en general, no solo de las autoridades y los gobiernos, sino de la sociedad en sí misma que no toma acción para atacar esta falta de valores y de expectativas que nos aqueja.




El error en el concepto de la inclusión

Mucho se habla de la inclusión social  y la participación, pero existe inclusiónuna gran equivocación acerca de lo que significa. En lugar de generar una conciencia del compromiso a que todos debemos aportar nuestro grano de arena, no solo de modo económico, es cierto que el aspecto material es importante, pero no el único ni primordial. Si cada uno de nosotros colabora con su parte, entonces tendríamos una cultura que estará profundamente comprometida en asegurar que nadie se quede solo ni desprotegido. Cuando las personas cuentan con sólidas conexiones a otras personas encuentran caminos y formas para superar los obstáculos y lograr lo que únicamente con dinero no se podría.

Claro que muchos se pueden plantear que ese tipo de sociedad nunca se lograra alcanzar, que nadie se sentirá a gusto ni dispuesto a enfrentar el problema del narcotráfico o la delincuencia colaborando con criminales y trabajando con ellos, pero es una realidad que a través de la educación y la inclusión temprana de quienes más expuestos se encuentran es posible romper con  los círculos viciosos. El principal problema radica en vencer los prejuicios, la discriminación, el fanatismo. Por supuesto, en las leyes se ha hecho ya, pero en la realidad estamos muy lejos de alcanzar ese estado de iluminación y avance que permita vencer lo que nos es nocivo solo con legislar sobre ello.

Miles de leyes no logran acabar con la desigualdad social, la delincuencia o el odio, no se ha podido mantener con eficacia las drogas fuera de las manos de quienes hacen y comercian drogas. No se puede mantener el alcohol fuera de las manos de los adolescentes que tienen la intención de conseguirlo. No se pueden mantener las armas lejos de las manos de los delincuentes por más que se escriban cientos de leyes que lo prohíban. Es una realidad que ninguna entidad estatal o superior puede hacer algo que detenga a los individuos de cometer una acción contra la sociedad, salvo los individuos mismos. Únicamente con el compromiso de cada uno de nosotros como ciudadanos de nuestro país y seres humanos podemos cambiar las cosas pero solo si primero aceptamos que debemos cambiar nuestra propia postura y pensamiento para incluir a los demás en el.  Tomarse un tiempo para hablar con su compañero de trabajo durante unos minutos o con quien limpia la vereda. Realizar pequeñas acciones que demuestren la no discriminación, por quien vive en situación de calle, o que tiene problemas de salud, ancianos, jóvenes que necesitan una imagen constructiva. Puede enseñar a sus hijos a hacer lo mismo, a colaborar con quienes sufren acoso, quienes siempre están solos, para asegurarse de que nadie se sienta ni quede totalmente aislado. Porque, es ahí, en ese caldo de cultivo donde se plantan las semillas de la exclusión, el odio y el fanatismo.

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