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La demagogia del control de armas

El control de armas en la realidad política actual

control de armas
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En los últimos tiempos se ha planteado una fijación por razones culturales y políticas sobre el control de armas de fuego. Alentada por la creciente inseguridad pública, eventos de alta notoriedad como han sido los tiroteos en EE.UU. y Europa, así como también por el crecimiento del terrorismo islámico en todo el mundo. El discurso oficial y correctamente aceptado que se ofrece sobre las armas de fuego y sus defensores, asocia su tenencia y uso con la idea de un retroceso social, con la vuelta a viejas ideologías autoritarias, y con una visión distorsionada de la vida en sociedad que plantea a quienes poseen armas como defensores de un pasado rustico, inculto, violento y con ausencia de leyes.

Las armas de fuego se han asociado históricamente a la vida rural y campesina, dado el entorno y las necesidades de quienes viven fuera de las ciudades. En la actualidad es común aun encontrar personas que creen que quienes habitan y trabajan en el campo aun pasan sus días portando revólveres o pistolas en la cintura como si de una película del viejo oeste se tratara, desafiando a la autoridad e imponiendo su voluntad a fuerza de intimidación. La realidad marca que esto es efectivamente al revés, siendo en las ciudades donde podemos encontrar delincuentes haciendo gala de sus “fierros” mostrándose públicamente sin ningún reparo por la seguridad ni la integridad de nadie, los auténticos forajidos ya no pasan sus días escondiéndose en los campos y montes, ahora lo hacen en el corazón de las ciudades.




El control de armas como método de distracción

En la mente desviada de nuestros gobernantes y funcionarios control de armaspúblicos, existe una creencia errónea de que ejerciendo un mayor control de armas, regulando el el tipo, cantidad y formato de arma a los que los ciudadanos honestos pueden acceder, se puede controlar la criminalidad y la violencia que afecta nuestra sociedad. Sin dudas muchas personas pueden llegar a comprender en primera instancia la justificación de esta medida, pero la realidad marca que los únicos que se ven beneficiados son los mismos criminales que se busca combatir, al ver a la población civil desarmada y sin posibilidad de acceder a medios de defensa, cuentan con un camino libre para sus fechorías.

La idea de reducir las armas en manos de la población civil para evitar que las mismas caigan en manos de delincuentes, es como decir que quienes poseen armas son ciudadanos completamente irresponsables, sin ningún criterio sobre seguridad y sin el más mínimo de los cuidados al momento de almacenar, manipular o transportar las armas que posee. En definitiva, si tal persona existe, como es posible que se le permita al mismo tiempo, por ejemplo, conducir un vehículo, siendo que el mismo si no se respetan las normas puede provocar incluso mayores daños y pérdidas que la mal utilización de un arma.

La realidad es que el control en la tenencia y posesión de un arma de fuego no tiene nada que ver con la seguridad pública. Las estadísticas marcan que el uso de armas en actos ilícitos es menor al 30%. Es cierto que el registro y control de las armas que se comercializan es necesario, se debe sin ninguna duda evaluar la idoneidad de quien adquiere un arma y controlar su nivel de responsabilidad para evitar que las mismas sean mal utilizadas. Pero cuando el nivel de control sobre las mismas se convierte en una traba para que muchos ciudadanos de bien puedan acceder a un medio de defensa, entonces nos encontramos ante un problema más grave. Como hemos dicho en más de una ocasión, el control de armas no tiene nada que ver con las armas, tiene que ve con el mantener controlados e indefensos a los propios individuos y reducir su capacidad de defenderse ante excesos, ya sean por parte de un delincuente que busca aprovecharse de la situación o sea por parte de un gobierno que busca continuar su régimen sin importar lo que los ciudadanos opinen o deseen.

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