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El desarme civil y la perdida de derechos

El desarme, los derechos y el bien común

Vivimos en una sociedad de derecho y como tal, cada individuo es libre de profesar y exigir desarmerespeto por sus creencias y valores. Así como muchas personas consideran que la tenencia de armas de fuego es algo que no desean, un derecho al que renuncian por diferentes razones, existen muchas otras personas que consideran que el ser propietario y ejercer una tenencia responsable de un arma de fuego, es un derecho al que no se debe restringir ni prohibir de ningún modo. Lamentablemente, según es la tendencia general en el mundo, parece que desde los centros de poder, se persigue una política de desarme civil que en ningún modo puede arribar a buenos resultados.

Sociedades como la nuestra no están preparadas y posiblemente nunca lo estén como para permitir un desarme completo y total como muchos progresistas desean. La realidad marca que lo único que acontece cuando la ciudadanía se encuentra indefensa y desarmada es que la delincuencia aumenta y los crímenes violentos aumentan sin control. Al mismo tiempo, muchos son los ejemplos de países en donde la aplicación de prohibiciones en la tenencia de armas e incluso exigencias de entrega de las armas por parte de los ciudadanos solo ha llevado a extremos casos de genocidios, purgas y represiones por parte del estado y sus gobernantes de turno.

Sin dudas muchas voces se pueden alzar indicando que no sería el caso de nuestro país, en donde la constitución y los derechos del ciudadano se protegen y respetan, seguramente mucho pueden, a viva voz, recriminar que se piense que partidos nacidos gracias a la represión y al combate del autoritarismo nunca expondrán al pueblo indefenso a la represión y control por parte de las fuerzas de seguridad. Si esta es la creencia de quien lee, entonces déjeme avisarle que es precisamente eso lo que desean nuestros gobernantes. Básicamente solo pretenden desarmar a la población y de ese modo controlar más fácilmente y con menos riesgo los destinos de todos y cada uno. Un pueblo desarmado está a merced de tiranos y fuerzas que no puede controlar. Al momento en que el ciudadano acepta el desarme y resigna su derecho a defenderse, se vuelve un esclavo de las decisiones y el poder de los demás.




De ovejas descarriadas y el camino al matadero

Lamentablemente esta historia no es nueva, se viene  repitiendo una y otra vez desde el albor del tiempo. Grandes civilizaciones aplicaron controles sobre sus poblaciones desarmeutilizando diferentes métodos que garantizaban la completa obediencia y sumisión de sus individuos, y en caso de que no aceptaran su destino, podían ser borrados del mapa mediante el uso de la fuerza o el control y la presión social. Hoy en día en nuestro país se comienza a ver exactamente esto, donde aquel que no comulga con la corriente de turno es menospreciado y en muchos casos ve como toda la maquinaria propagandística se vuelve contra él. Hoy en día vemos como campañas que apuntan a resaltar derechos de minorías ocupan titulares y distraen la atención de una población cautiva, que lo único que atina es a aplaudir discursos vacíos y diseñados a medida para dar la sensación de deber cumplido pero no comprometiendo ni a quien lo dice ni al partido que representa. En definitiva, campañas proselitistas que duran décadas e individuos sin deseo de hurgar bajo los mensajes sin contenido.

Hace ya un buen tiempo que la culpa de todos nuestros problemas los generaron otros que estuvieron antes, al menos ese es el discurso oficial. Pero ahora comienza a resonar una nueva oratoria en donde los problemas son externos, ajenos totalmente a la buena voluntad del gobierno y de sus hábiles integrantes que luchan por salvar a la patria de los embates extranjeros y de los intereses mezquinos de grandes corporaciones e individuos. Mientras tanto, nuestra sociedad se vuelve más ignorante, más insegura, con menos posibilidad de rechazar medidas indeseables y más acostumbrada a que los que gobiernan tienen la razón y el resto está equivocado.

Sin dudas muchos pueden no aceptar y rechazar estas palabras pero aquel que cree a pies juntillas todo lo que se le dice y no cuestiona ningún precepto termina convirtiéndose en un fanático y de esos ya tenemos unos cuantos y sabemos de lo que son capaces.

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